Todos estamos llamados a ser santos

Todo lo que hacemos como seres humanos lo hacemos buscando ser felices, pero ser feliz no es hacer lo que deseamos como lo deseamos, si no hacer lo que a Dios le agrada. Normalmente las personas que solo hacen lo que quieren o viven la vida como les va saliendo, no son plenamente felices. Los plenamente felices son los santos. Estamos en este mundo porque Dios nos creó para un plan de amor, y ser santos no es otra cosa que cumplir este plan. Se trata de un trabajo de todos los días, porque la santidad se conquista con nuestras acciones, palabras, actos de servicio.

Es normal que a veces los problemas nos abrumen y que haya momentos en que quisiéramos salir corriendo hasta de nuestra propia vida. ¿Cuántas veces hubiéramos preferido morir que enfrentar la vida tal como es? ¿Por qué nos pasa eso? Seguramente porque hemos sacado a Dios de nuestra vida, o porque nos hemos acomodado a una idea equivocada de él mismo.

Esto quiere decir que se puede vivir de dos maneras: a la manera de Dios o a mi manera ¿Cómo estoy viviendo? La mayoría de las personas no viven a la manera de Dios y por eso se quejan todo el día y les echan la culpa de sus problemas a los demás. De hecho, hay muchos que dicen que la Iglesia es muy exigente y anticuada. Pero solamente podremos ser felices si vivimos a la manera de Dios. ¿Estoy dispuesto a pagar el precio de mi propia santidad? Se trata de un ideal más alto, aunque también más difícil, aunque a la larga, más gratificador. ¿Quiero ir al cielo o al infierno? Mi vida eterna es una decisión que depende de mí mismo, aunque por supuesto es una tarea que no puedo realizar yo solo con mis propias fuerzas, sino que necesito la ayuda de Dios.

Aquellos que viven la vida según Dios alcanzan la salvación: esos son los santos. Probablemente nos hemos acostumbrado a las imágenes de los santos angelicales, ajenos a nuestra realidad y a veces incluso, tristes. Pero esto no es la realidad: no hay nadie más plenamente feliz que un santo, y todos los santos han sido personas ordinarias que han vivido extraordinariamente lo ordinario de su vida. La santidad es una invitación para todos.

Seguramente algunos nos habremos decepcionado pensando que la santidad es un asunto imposible, pero ya sabemos que para Dios no hay imposibles. Nuestra única tarea es responder a su llamada con amor.