Tu Eres Pedro: Los Papas ante la Revolución de 1910

Los Pontificados de Pío X y Benedicto XV en tiempos difíciles para México.

Desde la consumación de nuestra Independencia en 1821 hasta el inicio de la Revolución en 1910, México se fue transformando de un país católico practicante a un país absorbido por las ideas liberales de probada inspiración masónica que inevitablemente impulsaron el sectarismo y el anticlericalismo. Tal secularización Reformista originó la pérdida de la fe ante la modernidad y sus efímeras tentaciones como acumular dinero y poder. El sabio y visionario Papa León XIII (Papa de 1878 a 1903) lo advirtió al mundo en su carta Rerum Novarum de 1804. Ahí el Papa no condenaba ninguna lucha social, sino que invitaba a encauzar las legítimas aspiraciones del hombre y del trabajador dentro de los parámetros salvíficos de la Verdad, la Justicia Social, la Paz y la Libertad para dar un sentido de dignidad a la vida y al trabajo, según el Evangelio.

En 1910 la Iglesia católica en México lidiaba (como toda buena madre) con la frustración de nuestro pueblo -mayoritariamente católico- que se encontraba descontento y estancado social, política y económicamente. Gran parte de la población encontraba en la Iglesia una luz de esperanza y consuelo en su pobreza y marginación, y por el contrario, muchos otros practicaban diversas modalidades de antirreligiosidad. Todo el bien que la Iglesia hizo y administró durante los casi 3 siglos de la Colonia fue olvidado; la turbulencia social hizo que se olvidaran los miles de asilos, comedores, leproserías, hospitales, orfanatorios, escuelas y universidades que habían sido fundados por la Iglesia en todo México y que ahora dejaban de operar (posteriormente lo harían las nacientes instituciones). Surgía un país moderno sin espacio para lo anticuado que la religión católica suponía.

Papa Pío X
Papa Pío X

Gobernaba la Iglesia en ese tiempo el gran Papa San Pío X, llamado “el Papa de la Eucarístía”. Nació en humildísima cuna y sentía especial afecto por México Guadalupano. Se sentía también especialmente identificado con la clase proletaria en todo el mundo. Se llamaba José Sarto y gobernó de 1903 a 1914, es decir, durante los primeros años de la Revolución Mexicana. El gesto más solidario del Papa Sarto con la lucha armada en México, ocurrió en enero de 1914, al realizar un gran regalo a los católicos mexicanos a petición de los Obispos: consagrar México a Cristo Rey. De este importante momento para la fe en México, hablaremos en el siguiente número.

¡Cómo sufrió y deploró San Pío X las cruentas guerras de inicio de siglo y no se sintió ajeno a ninguna! El Papa moriría de un infarto agudo al miocardio, apenas 22 días después de declarada la Guerra Mundial, el 20 de agosto de 1914. Tanto así sufrió ante la idea de lo que le esperaba el mundo por despreciar la Paz.

Papa Pío X
Papa Pío X

Siguió el Pontificado No. 258 del Papa Benedicto XV (1914 a 1922) el cual abarcó la segunda parte de nuestra Revolución. Este Papa también siguió de cerca los cruentos levantamientos armados en el mundo: la Segunda Revolución Rusa (1917); la culminación de la PGM (1918) y la creciente persecución religiosa en México y Latinoamérica. Fue un gran diplomático y confirmó la neutralidad de la Santa Sede en los conflictos, acogió y dio sustento a miles de víctimas de la Guerra. Reactivó la actividad misionera en el mundo, por eso es “el Papa de las Misiones”. Impulsó especialmente en América la devoción a Nuestra Señora de Lourdes y de Fátima, con su mensaje de conversión y de paz a través del rezo del Santo Rosario. En 1917 el Papa condenó los artículos antirreligiosos de la nueva Constitución Mexicana y SS Pio XI los condenó de nuevo en su carta “Paterna Sano Sollicitudo” en 1926.

Lo más crítico para la iglesia durante la Revolución Mexicana fue entre 1915 y 1929. En junio de 1915 el Gobierno Constitucionalista enfatizó la separación Iglesia-Estado e inició una era de persecución por parte de los gobiernos revolucionarios de Carranza, Obregón y Calles. Recordemos como ejemplo, el saqueo y desacralización a la Catedral de Mérida en septiembre de 1915. Hechos como éstos llamaron la atención de Benedicto XV quien se solidarizó con el clero mexicano. Muchos sacerdotes buscaron asilo en Roma, Estados Unidos, Cuba y Guatemala; San Rafael Guízar y Valencia se encontraba en Cuba cuando fue designado V Obispo de Veracruz.

Finalmente, recordemos que la Revolución Mexicana fue una guerra civil que costó un millón de muertos, donde hermanos contra hermanos se mataron y se cometieron atropellos a la fe y a los derechos humanos. Fue la Iglesia la única que dio no sólo consuelo, sino también una directriz acertada para que México retomara un rumbo más o menos estable, bajo el manto de Cristo Rey y la Virgen Guadalupana.

Por. Angélica Garay en Criterio #284