No entiendo, ¿Por qué cambian al sacerdote?

Nota Original de Criterio #273

¿Por qué cambian a mi párroco?… más de una vez hemos escuchado esta pregunta, sobre todo cuando el feligrés ha tenido una cercana empatía con su sacerdote, no deja de ser una experiencia incomoda el tener que despedirse y al mismo tiempo abrir el corazón para acoger al nuevo presbítero. Ni que decir de lo que acontece en el corazón del sacerdote, que habiendo entablado tan estrechas relaciones de servicio y afecto con sus fieles, ahora se da a la tarea de aprender a amar a otra comunidad. Claro, no se trata de que deje de querer a quienes ha querido, sino que su corazón crezca un poco más, de modo, que pueda albergar la sonrisa, los llantos, el cansancio, la alegría, el dolor y la tristeza, pero no de menos, la fe, esperanza y caridad de tantos nuevos hermanos y hermanas en la fe.


 

Revista Criterio #273
Revista Criterio #273

Sí, de eso se trata, de crecer en la caridad, el amor. Tanto para el sacerdote, como para la comunidad es siempre enriquecedor tomar nuevos aires, nuevas experiencias que les permita enriquecer sus caminos de respuesta al Señor. Que no se han concluido los proyectos ya iniciados… el reto para el nuevo sacerdote será saber acoger el dinamismo de la comunidad y sus proyectos; al mismo tiempo, para los fieles, dejarse conducir por los dones y carismas que
necesariamente imprime el nuevo pastor a su grey amada, de modo que la haga crecer. También hay que reconocer que para muchos fieles, es muy enriquecedor tener que distanciarse de la figura de tal o cual presbítero, sobre todo para que en su corazón, a fin de cuentas quede, no Pedro, ni Pablo, ni Apolo, sino Cristo.

Según derecho eclesiástico, “el párroco es el pastor propio de la parroquia que se le confía, y ejerce la cura pastoral de la comunidad que le está encomendada bajo la autoridad del Obispo diocesano en cuyo ministerio de Cristo ha sido llamado a participar, para que en esa misma comunidad cumpla las funciones de enseñar, santificar y regir, con la cooperación también de otros presbíteros o diáconos, y con la ayuda de fieles laicos, conforme a la norma del derecho.” (Código de Derecho Canónico, canon 519).

Mons. Emilio Carlos Berlié y Mons. Gustavo Rodriguez Vega
Mons. Emilio Carlos Berlié y Mons. Gustavo Rodriguez Vega

En este sentido, los sacerdotes siguiendo el obrar de Jesucristo, quien tuvo una misión itinerante, van de comunidad en comunidad, conforme a la voluntad del obispo anunciando el Evangelio. Jesús, predicó en más de 10 ciudades palestinas, a saber, Betania, Belén, Betfagé, Betsaida, Cesaréa de Filipo, Caná, Cafarnaúm, Efraín, Emaús, Gerasa, Jericó, Jerusalén, Magdala, Naín, Nazaret, Sidón, Sicar, Tiro entre otras. De igual modo fue el obrar de los Apóstoles, que anduvieron por diversas ciudades, como por ejemplo Pablo, que sobre sale en sus largos itinerarios por las regiones paganas.

Normalmente, se trata de un traslado es decir, cuando el Arzobispo, verdadero responsable de cada una de las comunidades de la diócesis, atendiendo las necesidades de los fieles pide a un sacerdote deje la comunidad que ahora atiende para asumir otra responsabilidad. No pocas veces estos traslados responden al surgimiento de nuevas comunidades, a la enfermedad de los sacerdotes, a su mismo envejecimiento, al surgimiento de nuevos proyectos pastorales en la
arquidiócesis, también a dificultades de diversa índole de los sacerdotes con los fieles, y no de menos, para dar cabida al ministerio de nuevos sacerdotes que enriquecen al presbiterio y a la Iglesia.

Papa Francisco
Papa Francisco

En fin, aunque para todo ser humano el cambio (en cualquiera esfera de la realidad) no deja de ser un reto difícil de asumir, un pesar, al mismo tiempo representa una oportunidad de renovación, de fortalecimiento, que no debemos minusvalorar.
De hecho, el amor es una realidad que constantemente crea y recrea, el amor verdadero, constantemente rejuvenece a quienes lo viven, pues imprime siempre nuevos retos y con ellos nuevos bríos.