Semana de la Familia 2015 – Miércoles: Iluminar con la Sagrada Familia los roles del Padre, la Madre y los Hijos

La solidaridad, generosidad y fraternidad vividas por los mexicanos cuando hemos sufrido algún desastre natural muestra, a propios y extraños, la grandeza de corazón que tenemos para estar en empatía con los que sufren. Muchos se preguntan si esa capacidad espiritual que tenemos los mexicanos la pusiéramos en las decisiones diarias de la vida, ¿no serían diferentes nuestra patria, familia e Iglesia?  Si la suma de voluntades y decisiones estuvieran dirigidas a la construcción del bien común ¿no sería otro nuestro presente? Sin duda, mucho es lo que tenemos que reflexionar y decidir.

 

Para contribuir en el mejoramiento de nuestra patria debemos empezar por algo que está en nuestras manos la RESPONSABILIDAD.

 

Tristemente es una de las deficiencias más generalizadas. Coloquialmente lo decimos cuando en la escuela, el grupo de amistad o en los servicios de la parroquia nadie quiere asumir una obligación porque se exige la responsabilidad. Lo expresamos diciendo “le huyen a la responsabilidad”.

 

Hay responsabilidades que nacen como consecuencia de una acción. Una persona que es padre o madre, tiene responsabilidad, aunque no lo haya pensado, de ver por su hijo y brindarle todo lo que requiera la creatura. El no hacerlo hace que la persona sea vista como irresponsable.

 

Hay responsabilidades que son inherentes al oficio que se ha elegido. Sobresalen aquellas que tienen trascendencia social ya que el deterioro de la calidad de vida y la mala imagen de una ciudad, además de ser tarea de los ciudadanos, es de las autoridades, ya que tienen la responsabilidad de animar a los ciudadanos al cumplimiento de las leyes y a sancionar a los que las transgredan. Ejemplos los tenemos a diario y cada vez más, parques que son invadidos por venteros de cochinita, cajones de estacionamiento público utilizado para vender tacos, proliferación de sillas, diablitos y revisteros en los cruces de las avenidas de la ciudad y que después amarran a un árbol para deleite visual de los ciudadanos en las tardes y noches. Nadie pone solución a éstos y otros problemas, no porque no se vean, si no porque nadie quiere pagar el precio futuro de ser responsable hoy.

 

También los ministros de culto podemos ser irresponsables cuando, por no buscarnos problemas, no decimos nada y dejamos que el templo parroquial deje de ser lugar de oración y de celebración de la fe por el murmullo, el estruendo de volumen del coro, etc.

 

También podríamos preguntarnos ¿Por qué mi familia está así? ¿Qué responsabilidad tenemos los miembros de la familia?  ¿Qué les toca a papá y mamá hacer? ¿Qué a los hijos?

 

Nadie puede escapar de sus responsabilidades, si uno no responde queda el vacío. A la persona se le imputa la desidia en el actuar o la inoperancia. El no hacer nada ante la responsabilidad nos puede hacer ver ineficientes, inmaduros o que estamos acomodados buscando un puesto en el futuro.

 

Por eso, hay que ver la responsabilidad, más que como carga, como una oportunidad de servicio eficiente.

En el tercer día de reflexión, a ejemplo de la Sagrada Familia iluminaremos los roles del Pade, la Madre y los Hijos. Comparte en tu comunidad la reflexión de la Semana de la Familia.