Independencia: La verdadera libertad no la da el mundo, la da Dios.

Grito de Independencia
Grito de Independencia

Por Lic. Angélica Garay

¡Viva México! ¡Vivan los héroes que nos dieron Patria y libertad! es el grito que ha salido de las gargantas de millones de mexicanos durante dos siglos.  Los héroes nacionales con determinación hacia sus ideales iniciaron un movimiento armado donde sabían que comprometían su vida.  Enfrentándolo todo lograron transmitir a los habitantes novo hispanos un ideal que tal vez muchos no comprendían plenamente, pero la sola palabra l i b e r t a d les hacía pensar en una vida más feliz, digna y plena.

 

Así comenzó el México independiente y en el Acta dice: “La Nación Mexicana…sale hoy de la opresión en que ha vivido…Restituida al ejercicio de cuantos derechos le concedió el Autor de la Naturaleza; en libertad de constituirse del modo que más convenga a su felicidad… es Nación Soberana e independiente de la antigua España”.  De las 37 firmas al calce, 20 son de Obispos y Sacerdotes.  En contraste, en el México de hoy, se juzga y censura en los sacerdotes su consejo en la vida comunitaria a pesar de que son ellos los que iluminan y guían con los valores del Evangelio la conciencia de las almas para el bien común.  Pero los tiempos han cambiado o mejor dicho, el tiempo nos ha cambiado.

 

Santo Tomás define a la libertad como “la capacidad que tiene el hombre de elegir correctamente según su naturaleza”; el Beato Juan Pablo II afirmó que “la libertad no es hacer lo que queremos, sino la oportunidad de hacer lo que debemos”.  Podríamos citar cientos de interesantes definiciones y finalmente, concluiríamos que la Libertad es un deseo vivo inscrito en el corazón del hombre, como también Dios lo está, y ese deseo nace de nuestra racionalidad; del discernimiento de lo que nos conviene o no y se orienta hacia la felicidad.  Libres para ser felices.

 

¿Qué es México hoy? ¿Cómo está hoy México?  Necesitamos conocer lo que somos hoy para descubrir lo que necesitamos y saber elegir y corregir.  Por tanto, si estamos experimentando dolor, infelicidad e insatisfacción, hemos entendido y ejercido mal el don divino de la Libertad y por consiguiente, estamos viviendo al margen de él.  El mal podrá disfrazarse de bien, pero podemos identificarlo por sus efectos: las acciones que nos causen daño espiritual, mental, físico o material están contra nosotros, luego tendremos que enmendarnos hacia el verdadero valor evangélico. Pensar que es válido todo aquello que “yo quiera hacer o poseer”, es falacia.  Como seres racionales no podemos rebajarnos a hacer de los instintos el centro de nuestra existencia, ya que solamente los actos racionales nos dignifican.  La persona humana no abate sus instintos, los controla, y el control viene del conocimiento honesto y reconoce la auténtica libertad.

 

Existe una tentación muy fuerte de auto-convencernos que la libertad es la posibilidad de satisfacer primero nuestros deseos y antojos, cuando en realidad la Libertad como don de Dios nos permite elegir racionalmente hacia el bien.  Es evidente que la libertad como la entiende el hombre es finita, débil y falible.  A pesar de esta tendencia equivocada, la vida de los santos nos confirma que sí es posible vivir la Libertad según Cristo.  No significa renunciar a nuestra humanidad, sino dejarla en manos de Dios y orientarla según Su Palabra.

 

Si pensamos en lo contrario de libertad, pensaremos en opresión: México conquistó su libertad al  sacudirse la opresión de España; de igual forma el enemigo de la Libertad es la opresión del pecado.  Hoy este enemigo tiene muchas caras y cada vez son más espantosas y perversas: violencia intrafamiliar, desintegración, drogas, corrupción y muerte.  Empecemos por limpiar el pecado personal para ser cristianos bien formados e informados, sal y luz de la tierra.  Es necesario actuar ya.  Las jóvenes generaciones pueden perderse si no hay quien les cuide y oriente sabiamente.

 

Es tan bella la Libertad que Dios nos regala, que los Curas Miguel Hidalgo y José María Morelos, ambos sacerdotes para siempre, no dudarían en dar su vida nuevamente por la nación libre que concibieron: un México Guadalupano para Dios. Omnis plantatis quam nom plantabit Pater meus Celestis Cradicabitur: todo lo que Dios no plantó se debe arrancar de raíz. (Sentimientos de la Nación).

 

México, tus grandes males se han gestado en una indiferencia espiritual y religiosa que hoy te asfixia.  Vuelve tus ojos hacia Cristo Rey; María de Guadalupe Virgen y Madre ansía tenerte en el cruce de sus brazos.