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Homilía Arzobispo de Yucatán – XXIII Domingo Ordinario Ciclo C

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo C

Sab 9, 13-19; Flm 9-10. 12-17; Lc 14, 25-33.

 

“Y el que no carga su cruz y me sigue,

no puede ser mi discípulo” (Lc 14, 27).

 

Kimak in woll ta wetle’ex lake’ex, ta ta’anex ich maya, kin tzik te’ex kimak woolal yetel in puksikal. U Ta’an Jajal Dios, te domingoa, ku yalik, ka’bet kuchik cruz, waa a ka’at bin tu pach Jesuse’.

[“Muy queridos hermanos de lengua maya, les saludo con afecto. La Palabra de Dios en este domingo nos llama a cargar nuestra propia cruz para seguir a Jesús”.]

Muy queridos hermanos, les saludo con el afecto de siempre en Cristo Jesús. Hoy es un día histórico porque el Papa Francisco canoniza a la Madre Teresa de Calcuta. La palabra “canon” tiene, entre otros sentidos, el de “lista”. “Canonizar” significa poner en la lista de los santos, dignos de veneración y de imitación; a hombres y mujeres de los que la Iglesia ha podido asegurar su vida cristiana extraordinaria, porque han vivido las virtudes en grado heroico, o incluso han derramado su sangre como prueba de su fe.

Los medios de comunicación nos ayudaron a todos a conocer a la Madre Teresa de Calcuta, y los jóvenes de hoy nos han escuchado a los adultos hablar de esta maravillosa religiosa, que murió hace diecinueve años, y que es canonizada precisamente en la víspera de su aniversario luctuoso. Propios y extraños la reconocen, es decir, dentro y fuera de la Iglesia la Madre Teresa es respetada y amada por su testimonio de entrega generosa y feliz a los más pobres de este mundo. Hay que recordar que ella fue escuchada en muchos foros extra eclesiales y hasta en la misma ONU.

Virtudes heroicas de la Madre Teresa fueron su fe, su esperanza, y sobre todo su caridad, vividas siempre intensamente y que producían en ella una visible alegría por su sonrisa contagiosa. ¿Cómo una persona puede vivir alegre en medio de tanta pobreza y de muchos pobres, realizando numerosos trabajos repugnantes para muchos? ¿Cómo pudo una mujer de buena clase social entrar en la vida religiosa, y luego abandonar su congregación (pues trabajaba en un colegio), para ir a trabajar al servicio de los más pobres? La razón es el seguimiento de Cristo Jesús. Ella vivió enamorada del Señor, a quien descubría en cada pobre que atendía, pero sin dejar su participación diaria en la santa Misa, la adoración eucarística, su rosario, sus demás oraciones y su contemplación. En pocas palabras, se alimentaba de Dios y encontraba a Dios en sus hermanos, por eso vivió siempre feliz.

El Señor Jesús no nos pide a todos que hagamos lo mismo, pero sí nos dice a todos que tomemos nuestra cruz y lo sigamos; sí nos pide también que tengamos a los pobres de este mundo en nuestro corazón y que seamos capaces de tocarlos misericordiosamente con nuestra ayuda fraterna y solidaria. El Evangelio de hoy contiene una invitación a los discípulos de Jesús para que renuncien a todos sus bienes, tomen su cruz y lo sigan. (Lc 14, 27). ¿Quieres ser discípulo de Cristo? ¡renuncia, carga tu cruz y síguelo! El llamado es para todos, tú renuncia primero, despréndete de todo y de todos, y luego poco a poco el Señor mediante su Espíritu te irá indicando cómo y cuando, qué es lo que debes ir dejando.

No todos pueden ser religiosos, no todos pueden ser sacerdotes, pero todos podemos ser discípulos y vivir en la libertad de quien no se siente dueño absoluto de sus bienes y de las personas que lo rodean. La libertad del discípulo le lleva a decir al Señor: “todo es mío y nada es mío, contigo lo tengo todo, mientras no te pierda a ti nada me faltará; a la hora que quieras puedes quitarme a quien quieras o lo que quieras”.

No se trata de buscar cruces, eso sería masoquismo; se trata de amar y aceptar todas las consecuencias del amor a Dios y al prójimo. La vida fácil y regalada no es para los discípulos del Señor. Veamos el testimonio de Santa Teresa de Calcuta, y démonos cuenta de que se puede ser real y plenamente feliz en medio de la pobreza y de la entrega generosa a los demás. No es que ella comience a ser santa hoy, es más bien que a partir de hoy, la Iglesia la declara santa, intercesora ante Dios unida a Cristo Jesús, y ejemplo de vida para quienes quieran vivir como auténticos discípulos.

La segunda lectura de este domingo nos presenta un pasaje de la carta que escribió san Pablo a Filemón. Es una carta de recomendación en favor de Onésimo. El cristianismo no eliminó la esclavitud que se practicaba en aquellos tiempos, pero sí le dio un sentido cristiano a esta práctica. Onésimo era esclavo de Filemón, pero se escapó y en esa etapa de fuga conoció a san Pablo, se convirtió al Señor, se bautizó y fue de gran ayuda para el apóstol que estaba encarcelado. Sin embargo san Pablo reconociendo el derecho de Filemón, le devuelve a Onésimo, su esclavo, con esta carta donde le pide que lo reciba como a un hermano en Cristo (cfr. Flm 12-17).

Como cristianos de hoy tal vez no podamos cambiar ciertas estructuras y costumbres actuales, pero nosotros las podemos vivir de un modo muy distinto. Por ejemplo, hay quienes piensan que ser político hoy es sinónimo de ser corrupto, pero un buen cristiano puede entrar en el mundo de la política y convertirse en un verdadero servidor y hasta santificarse por ejercer su misión como hijo de Dios y como discípulo del Señor que carga con su cruz. Por ejemplo, alguien puede pensar que en los negocios y empresas todo se vale con tal de hacerse rico, pero un buen cristiano puede llegar a enriquecerse sin hacer trampas ni daño a nadie; y al contrario, ponerse con sus bienes y su empresa al servicio de Dios y de los demás.

La primera lectura tomada del libro de la Sabiduría, nos dice que “los pensamientos de los mortales son inseguros y sus razonamientos pueden equivocarse” (Sab 9, 14-15). Hoy en día son muchos los católicos, los diversos grupos cristianos, y otros tantos que, aún sin ser creyentes, comparten la preocupación por la iniciativa de ley sobre los matrimonios igualitarios, y por la introducción de la Ideología de Género en el sistema educativo. Más allá de la fe, la filosofía y la moral de siempre, y hasta las leyes tradicionales de nuestro pueblo, están de acuerdo en que el Matrimonio es la institución en la que un hombre y una mujer se unen para formar una familia junto a los hijos que puedan concebir.

Siempre ha habido y habrá hombres y mujeres que tienen atracción por personas de su propio sexo. Siempre ha habido y habrá personas del mismo sexo que hacen vida en común. Esto debemos aceptarlo y respetarlo, y como cristianos que somos, hemos de reconocerlos como hijos de Dios y hermanos nuestros a quienes no sólo debemos respeto sino también amor. Las personas que en esta condición vivan juntas, necesitan leyes que les den protección y seguridad; sin embargo el Matrimonio es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será.

En el mes de febrero el Frente Nacional por la Familia (FNF) recolectó firmas a favor de la institución familiar y en contra de la ley que veían venir sobre nuestro País. Ahora han vuelto a recolectar firmas a causa de la iniciativa presidencial. También se anuncia una manifestación pacífica para el próximo sábado 10 de septiembre. Los ciudadanos que quieran unirse a esta marcha están en todo su derecho de hacerlo, y nadie debe estorbarles o pretender sabotear esta manifestación. Quienes no piensen como esta mayoría ciudadana ya lo han externado y seguramente lo volverán a hacer. Están en su derecho. Pero ojalá que no pretendan enfrentarse a sus hermanos que en forma pacífica saldrán a la calle.

Vivamos todos en armonía. Invoquemos todos la presencia del Espíritu Santo sobre nuestra ciudad, nuestro Estado, nuestro País y nuestro mundo. A propósito, ya en varios países de Europa se ha revocado la posibilidad de la ley de los matrimonios igualitarios. Pidamos al Señor que nos dé a todos el don de la sabiduría. Continúa la primera lectura diciendo: “¿Quién conocerá tus designios, si tú no les das la sabiduría, enviando tu santo espíritu desde lo alto? Sólo con esa sabiduría lograron los hombres enderezar sus caminos y conocer lo que te agrada. Sólo con esa sabiduría se salvaron, Señor, los que te agradaron desde el principio” (Sab 9, 17-19).

Carguemos nuestra cruz y vayamos detrás de Jesús; santifiquemos los espacios donde nos encontramos con criterios cristianos; respetémonos unos a otros como verdaderos hermanos.

Santa Teresa de Calcuta, ruega por nosotros.

¡Sea alabado Jesucristo! ¡Que tengan una feliz semana!

 

 

 

+ Gustavo Rodríguez Vega

Arzobispo de Yucatán