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Homilía Arzobispo de Yucatán – XX Domingo Tiempo Ordinario Ciclo C – Jubileo de la Juventud

XX Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo C

Jr 38, 4-6. 8-10; Heb 12, 1-4; Lc 12, 49-53.

 

“He venido a traer fuego a la tierra” (Lc 12, 49).

 

Kimak in woll  ta wetle’ex lake’ex, ta ta’anex ich Maya, kin tzik te’ex kimak woolal yetel in puksikal.

Kin tuxtik junpe’el jetzo’olal ti tu lakal xi’ipalo’ob, yetel chu’upalo’ob tan u ki’inbesko’ob u kin “juventud catolica”.

Jesuse’, bejlae ku yalik tan u tajsik jetzolal, men u ka’at ka xuuluk le batelo’obo’ yéetel  tuuso.

 

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con afecto deseándoles todo bien en el Señor. Les pido su oración porque en este día, domingo 14 de agosto, se cumplen 15 años de mi ordenación episcopal; y el 15 de agosto, en la solemnidad de la “Asunción de Ntra. Señora en cuerpo y alma al cielo”, se cumplen 36 años de mi ordenación sacerdotal. Ayúdenme, por favor, a pedir perdón a Dios por todas mis infidelidades y pecados, y por los errores que haya cometido en mi ministerio, y a dar gracias por todas las cosas buenas que Él se ha dignado hacer a través de mi humilde persona.

También quiero dirigir un saludo particular a todos los jóvenes, que ya han vuelto a clases y a los que están a punto de regresar. Igualmente saludo a todos los jóvenes que trabajan, y a los que trabajan y estudian. En este domingo celebramos, por segunda ocasión, la “Jornada Nacional de la Juventud Católica Mexicana”, y estando en el “Año de la Misericordia”, celebramos el “Jubileo de los Jóvenes en Yucatán”.

En el interior del Estado los jóvenes estarán reunidos en los Santuarios de la Misericordia de cada Decanato; mientras que en Mérida, los jóvenes de los diferentes Decanatos se reunirán en la “Cámara de Comercio” para luego peregrinar hacia el Santuario de la Misericordia en la parroquia de Fátima, donde celebraré con ellos la santa misa a las 12 del día.

Hace una semana concluía en Polonia la 31º “Jornada Mundial de la Juventud” con el Papa Francisco. El 30 de julio decía él a los jóvenes: “Queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a ‘vegetar’, a pasar por él cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca. Al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar una huella. Es muy triste pasar por la vida sin dejar una huella”. Y al día siguiente les dijo: “No se dejen anestesiar el alma, sino aspiren a la meta del amor hermoso, que exige también renuncia, y un ‘no’ fuerte al doping del éxito a cualquier precio y a la droga de pensar sólo en sí mismo y en la propia comodidad” (Mensaje durante la Vigilia del 30 de julio, en el Campus Misericordiae, Cracovia).

Estos mensajes del Papa a los jóvenes vienen muy bien a colación con las lecturas de este domingo. El Señor Jesús nos dice: “He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lc 12, 49). Se trata del fuego del amor, del fuego de la pasión, que es contrario a la frialdad o a la tibieza de quienes quieren vivir una vida sin problemas ni sobresaltos, como aquellos que dicen: “Yo no me meto con nadie y que nadie se meta conmigo, yo quiero llevar la fiesta en paz”.

Dice el Señor en el libro del Apocalipsis que no soporta la tibieza de los fieles y que vomitará a quien sea tibio (cfr. Ap 3, 15-16).  El profeta Jeremías (primera lectura) y los demás profetas, fueron despreciados y perseguidos por sus enemigos a causa de su predicación; pero sin saberlo anunciaban en su persona el compromiso del Hijo de Dios que dijo: “Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega!” (Lc 12, 50). Jesús estaba hablando de su bautismo en su propia sangre que había de ser derramada en la cruz.

En Mérida nos satisface que haya paz y que miles de personas de nuestro País y del extranjero gusten de venir a gozar de la paz que hay en esta tierra. La verdad es que no sabemos cuánto tiempo nos va a durar este privilegio. ¡Ojalá que sea permanente! Pero Jesús dice en el evangelio de hoy que no ha venido a traer la paz a este mundo sino la guerra. Y por otra parte, en el evangelio según san Juan dice que nos deja la paz, que nos da la paz, aunque no como el mundo la da (cfr. Jn 14, 27). ¿Cómo es esto? Jesús nos llama a no conformarnos con una paz barata.

Es que si tomamos en serio nuestra fe, y nos esforzamos por llevarla a todas las áreas de nuestra vida, vamos a encontrarnos con problemas, con incomprensiones, con rechazos, con enemistades, y esto hasta dentro de nuestra propia familia. Por eso Jesús dice que por su causa las familias se van a dividir. No es una división deseada ni buscada, pero aceptada como precio de nuestra fidelidad a Cristo, y de la fidelidad a nuestra propia conciencia. Cristo es constructor de paz y de unidad, pero no de una paz que se conforma con la injusticia, el egoísmo y la mentira. No, la paz que Jesús nos ofrece es una paz verdadera, fruto de la justicia y del amor; una paz que ha declarado una guerra hasta el final contra el mal y la mentira.

Por eso hoy se requiere dentro de nuestra Iglesia el arrojo de los jóvenes, y de la juventud permanente de todos los creyentes, capaz de arriesgarlo todo y de enfrentar todo lo que nos venga por seguir a Jesús. ¿Qué tanto has hecho tú, qué tanto he hecho yo por mi fe? Eso es una pregunta que bien vale la pena hacernos, para evaluarnos como discípulos de Cristo. Pero el pasaje de la Carta a los Hebreos que hoy escuchamos en la segunda lectura, ya nos anticipa una respuesta al decirnos: “Porque todavía no han llegado ustedes a derramar su sangre en la lucha contra el pecado” (Heb 12, 4).

Que los jóvenes, adolescentes y niños tengan un feliz regreso a clases. Que todos tengan una feliz semana. ¡Sea alabado Jesucristo!

+ Gustavo Rodríguez Vega

Arzobispo de Yucatán