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Homilía Arzobispo de Yucatán – XIX Domingo Ordinario Cliclo C

XIX Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo C
Sab 18, 6-9; Heb 11, 1-2. 8-19; Lc 12, 32-48.

“Al que mucho se le da, se le exigirá mucho, y al que mucho le confía, se le exigirá mucho más.” (Lc 12, 48)

Kimak in woll ta wetle’ex lak’ex, tu lakal xi’boob yetel koleloob ku ta’noob ich Maya.

U T’aan Kichkelem Yuum, te domingoa, ku yalikto’on k’abet in liskiba’on, men ma’ in wolo’on bax kin yaanuta u Paal jajal Dios, le betike koonex kuxkintik u T’aan.

[La Palabra de Dios, este domingo, nos dice que debemos de estar siempre preparados, porque no sabemos cuándo vendrá en Hijo del hombre. Que cada día lo vivamos siempre esperando la venida del Señor.]
Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre en este domingo del Tiempo Ordinario; hoy con una alegría especial en mi corazón y en muchos católicos que se alegran por la ordenación sacerdotal del pasado jueves 4 de agosto de dos nuevos sacerdotes y de seis nuevos diáconos que con el favor de Dios, dentro de algún tiempo no muy lejano, podrán también llegar al sacerdocio.

¡Dos nuevos sacerdotes! la Iglesia, su familia, sus amigos y mucha gente durante diez o más años de su formación han estado apoyándolos con la oración. Ahora que ya son sacerdotes o diáconos, hay que seguir rezando por ellos para que no fallen nunca al compromiso grande que han hecho al recibir la ordenación sacerdotal o diaconal, hay gente que dice que los sacerdotes estamos mucho más cerca de Dios, “Rece por mí padrecito porque usted está más cerca de Dios”, la verdad es que Dios está cercano a todos, hay laicos muy santos y ciertamente, nosotros los sacerdotes, tenemos que rendir cuentas muy especiales a Dios nuestro Señor.

Como Jesús dice en el Evangelio de hoy respondiéndole a Pedro: “Al que mucho se le da, se le exigirá mucho, y al que mucho le confía, se le exigirá mucho más” (Lc 12, 48); si todos tenemos que estar preparado porque no sabemos ni el día ni la hora en que vendrá el Hijo del hombre, con mayor razón los ministros de la Iglesia tenemos que estar preparados. Cuanto más hemos recibido más estamos comprometidos delante de Dios, pero todos debemos estar preparados. Por eso es muy importante hermanos y hermanas, que oren por todos los obispos, por el Papa, por los sacerdotes, porque tenemos que dar cuentas al Señor de una grave responsabilidad, y ahora en particular les encomiendo a los dos nuevos sacerdotes, les encomiendo también a los seis nuevos diáconos.

La primera lectura nos habla de cómo Dios mostró su preferencia y su amor entre todas las naciones por el pueblo de Israel, cómo lo liberó de la esclavitud de Egipto y cómo lo llevó a la tierra prometida; por eso con alegría el pueblo comenzó a celebrar la Pascua en sus casas, no sólo porque la ley sagrada lo imponía sino porque para ellos era un motivo de gran alegría recordar cómo Dios había interferido a favor de ellos. También nosotros debemos estar muy alegres porque el Señor nos ama, porque el Señor está de nuestra parte.

En el Evangelio de hoy el Señor comienza por decir: “No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino.” (Lc 12, 48). Son palabras de Jesús dirigidas sus discípulos; ellos eran su rebañito y ahora ustedes y yo somos el rebañito del Señor, no hay nada que temer. Él nos ha prometido el Reino y nos dice: “Vendan sus bienes y den limosnas. Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no llega el ladrón, ni carcome la polilla. Porque donde está su tesoro, ahí estará su corazón” (Lc 12, 33-34).

¿Dónde está tu tesoro?, ¿dónde está tu corazón? Ojalá que sepamos componer muy bien nuestra escala de valores. ¿Quién está en ese primer lugar de tu escala de valores?, ojalá que en los más alto esté tu aspiración del Reino de los cielos y después de ahí, después del amor de Dios por sobre todas las cosas, vengan todos los amores humanos que lícitamente nosotros podemos sostener.

El amor de una pareja, el amor de los hijos, el amor de los hermanos, el amor de los amigos, el amor por el prójimo necesitado; el amor siempre es un valor alto que hemos de conservar mientras no se oponga a los compromisos ya establecidos en nuestro estilo de vida; quiero decir los casados por ejemplo, quiero decir los célibes, cada uno tiene su propio estilo de vida, pongamos en primer lugar nuestro tesoro en el Reino de Dios al que esperamos llegar, pongamos nuestro tesoro en todas esas personas que el Señor ha puesto a nuestro alrededor para que las amemos y estemos conscientes día con día de que no sabemos cuándo vendrá el Señor, por eso siempre hay que estar preparados, dice el Señor: “Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas” (Lc 12, 35).

Cada día que iniciamos debemos presentarnos así delante del Señor, no sabemos si vamos a terminar el día que ya hemos comenzado, sabemos que el Señor puede llamarnos en cualquier momento y en cualquier día, pero un hombre y una mujer que tiene su conciencia limpia y que van haciendo todo según Dios, no les importa, están siempre preparados. Lamentablemente se han repetido muchos tristes casos de suicidio en nuestro Estado, no podemos explicar las causas de cada uno de ellos pero una razón muy importante para llegar al suicidio, es el no encontrar la razón de la existencia. Cuando descubrimos el amor de Dios, tenemos razón suficiente para amar la vida y aunque todos los demás nos fallen y aunque todas las demás cosas que tenemos se nos acaben, mientras no se nos acabe la relación con Dios, nuestra vida siempre tendrá sentido; ayudémonos unos a otros para que no perdamos el sentido de la existencia.

¡Cuánta felicidad nos da vivir con esa seguridad de lo que ahora tenemos, pero también de lo que deseamos poseer!, de eso nos habla hoy la segunda lectura tomada de la Carta a los Hebreos. El autor de la carta dice: “La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera, y de conocer las realidades que no se ven” (Heb 11, 1); así es que por la fe podemos estar ya disfrutando de todo lo que nosotros esperamos, a ejemplo de los patriarcas, a ejemplo de los profetas, a ejemplo de los santos, hombres y mujeres del inicio del tercer milenio, podemos vivir felices poniendo nuestro tesoro ahí donde debe estar, ahí poner nuestro corazón y eso nos hará libres. Muy conscientes de que vamos a entregarle y darle cuentas a nuestro Señor, gocemos de la vida tal y como se va presentando, pero conscientes de la responsabilidad que cada uno tiene y que cuanto más ha recibido, más tiene que responder al Señor.

Al inicio hablaba yo de la responsabilidad de los ministros de la Iglesia, pero también debemos considerar las grandes responsabilidades de los que gobiernan nuestra Patria, los que gobiernan nuestro Estado, nuestras ciudades. Es grande esa responsabilidad de los que tienen riquezas, también es grande la responsabilidad ante Dios, del cuidado y administración de los bienes materiales. Si nosotros no tenemos gran poder económico, político, religioso o de cualquier tipo, de todas maneras debemos preocuparnos por aquellos que sí lo tienen, y rogarle al Señor para que los que están al frente de la Iglesia, de la sociedad o de la economía, sean siempre responsables y estén preparados para darle cuentas al Señor de lo que están administrando.

¡Que tengan una feliz semana! ¡Sea alabado Jesucristo!

+ Gustavo Rodríguez Vega
Arzobispo de Yucatán